Si estás leyendo esto, entonces ya sabrás manejar tu ratón bien fácilmente. Algunos de nosotros asimilamos el procedimiento con bastante facilidad, mientras que otros tuvieron que batallar mucho. Una de las raíces del fracaso, según mis observaciones, consiste en que los principiantes a menudo sostienen el ratón de arriba, como un gato que acaba de saltar sobre él, así cerciorándose que él no se fugará de ellos. Después ellos pegan el botón ferozmente, y el ratón, aterrorizado, se desvía locamente lejos del objetivo.
He convencido a varias de estas personas que relajen su agarre mortal; que dejen que su mano se apoye en la superficie detrás del ratón, sólo guiándolo despacio con sus dedos pulgar y meñique, y dándoles suaves clicks a los botones cuando sea necesario. Y si la coordinación entre su mano y sus ojos estaba trémula, entonces que trabajaran en forma de una L (por ejemplo, primero bajar el ratón y luego moverlo a un lado), y que dejaran que un movimiento directo en el desplazamiento se usara a su propio tiempo. Pasada una semana, todas aquellas personas regresaron, gustosamente informándome que les había ido mucho mejor.
Pero en los primeros tiempos de los ratones para computadoras, cuando todavía eran objetos ajenos para muchas personas, a mí no me era raro ver a estudiantes colocar un ratón patas arriba y hacer girar la bola del ratón con las yemas de sus dedos. El comportamiento de la pantalla era admirablemente errático, y, además, como método de selección, había distintos problemas al darles clicks a los botones.
En una ocasión observé a dos chicas haciendo esto, y en una forma amistosa les enseñé el modo apropiado de usar un ratón. Ellas sonrieron, me dieron las gracias, y pasados pocos minutos el ratón volvió a estar en su espalda. No era una tontería - simplemente era su manera de trabajar. O quizá presenciara el nacimiento del trackerball...
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Mike Orr